Presentación del informe de la bicameral ARA San Juan: El senador Ojeda destacó el reconocimiento recibido de los familiares

Como presidente de la comisión bicameral que investigó el hundimiento del submarino ARA San Juan, el senador Ojeda presentó ayer el informe final a los familiares y la prensa. Destacó el reconocimiento recibido de sus pares y fundamentalmente de los familiares. “En lo personal me llevo una gran satisfacción y espero que este trabajo sirva para esclarecer lo que pasó”, dijo.


Río Grande.- El senador nacional José “Nato” Ojeda evaluó por FM La Isla la intensa jornada vivida ayer, con la presentación del informe final de la bicameral ARA San Juan, que investigó la tragedia en la que murieron sus 44 tripulantes, en el Salón de los Pasos Perdidos.

“El martes se llevó a la firma el informe y fueron días difíciles. El fin de la comisión fue esclarecer los hechos antes, durante y después de ocurrido el accidente, y obviamente también hablar de las responsabilidades dentro de las fuerzas armadas y dentro el ámbito político. Son muchos aspectos y el trabajo llevó casi un año y medio. La cantidad de fojas que tiene este expediente habla del volumen de la información que procesamos y la cantidad de horas-hombre puestas en esto, que es inédito en la historia del Congreso”, sostuvo.

“Tuvimos que resumir todo esto en un informe de 170 hojas y tener la voluntad de los doce legisladores de poder firmar este documento. Obviamente hubo disidencias, pero fueron menos del 5% del total del informe, que tienen que ver específicamente con cuestiones políticas. Esto es entendible, porque los legisladores del oficialismo no quisieron hacerse cargo de lo que opinamos el resto, pero firmaron el total del informe, salvando las disidencias en unos pocos párrafos del informe general”, expresó.

“La semana pasada esto se había complicado, yo no pude viajar por problemas con los vuelos pero no fue esto lo que atrasó la firma. Hubo algunos intentos de dilatar esto, de patearlo para adelante, querían que se tomara un informe de la Armada que todavía no vino y tiene que ver con cuestiones internas de la fuerza. Ese informe no estaba previsto recibirlo, así que dimos por finalizado el funcionamiento de la comisión, pudimos firmar el martes y nos pusimos de acuerdo en general en la presentación que se hizo hoy –por ayer- frente a los familiares, la prensa, y todo el arco político. Fue una tarea difícil y de mucha responsabilidad, y queríamos que saliera lo más prolijo posible, con el debido respeto a los familiares de los 44 tripulantes y creo que lo logramos”, manifestó.

“Lo más reconfortante para mí fue el reconocimiento de los familiares antes de que empezáramos con el acto de presentación, y el reconocimiento que me dieron después de haber hecho la presentación. El abrazo que me vino a dar Luís Tagliapietra (abogado y querellante en la causa que investiga la desaparición) para mí fue una caricia al alma después de tanto tiempo de trabajo”, dijo.

Diferenció la empatía que se generó entre la comisión y los familiares, con la actitud de los organismos oficiales, “desde el Ministerio de Defensa, la Armada, al propio presidente Macri”. En uno de los párrafos del informe se señala que Macri exhibió “un bajo nivel de involucramiento relacionado con la tragedia, que sostuvo en el cargo al ministro (Aguad) luego de los hechos y su desempeño, y apareció en forma escasa y superficial vinculado con la temática, muchas veces mostrando falta de empatía con los familiares”.

“Es la realidad y lo que expresaron los familiares que expusieron en la comisión –aseguró Ojeda-. También ha sido inédito poder hacer participar a los damnificados cara a cara con las autoridades nacionales, con las autoridades militares y con nosotros mismos. Nos hemos expuesto a las críticas y a sus opiniones sin ningún tipo de filtro. Nos hicimos cargo y fue muy difícil lograr esto con el ministro (Aguad). En todo momento se intentó esquivar a los familiares, se intentó que no participen, dejar de lado el hecho en sí, se demoró todo, se ocultaron verdades. El presidente estuvo varias veces jugando al golf cerca de donde estaban alojados los familiares y no se cruzó a saludarlos. Las veces que le pidieron una reunión, no se las concedió”, lamentó el parlamentario.

Las razones de estas actitudes no tienen explicación para Ojeda: “Nunca dio las explicaciones el ministro y en lo personal yo tuve conversaciones con él y no quería confrontar con los familiares. Tuvimos discusiones muy fuertes, que no trascendieron porque fueron a puertas cerradas, y fue muy difícil sentarlo frente a los familiares. Muchas veces se lo requerimos y no se hizo presente. Cuando accedió a recibirlos por intervención del vicepresidente de la comisión, terminó con un encadenamiento en Plaza de Mayo. Es lo más criticable del ministro, porque hay cuestiones que a uno lo sobrepasan y uno lo puede entender, pero podría haber tenido una posición más humana con los familiares”, consideró.

“El trato con los familiares realmente ha sido lamentable, y esto es imperdonable en un funcionario público. También es imperdonable que lo hayan sostenido en el cargo durante todo este tiempo, y esa es responsabilidad del presidente”, subrayó.

Respecto de la posibilidad de que este informe sea la base de acciones contra el estado por parte de los familiares, en los futuros juicios civiles y penales, dijo que “nosotros hemos recibido trascendidos mentirosos, donde medios ligados al oficialismo tiraban versiones que no eran ciertas. Nosotros intentamos llegar a la verdad en todos los testimonios que tomamos y todo lo que recopilamos, y buscar justicia para estos 44 tripulantes. Contamos con el apoyo permanente de una comisión de expertos, en su mayoría submarinistas, muchos de ellos camadas de algunos de los tripulantes, del almirante que trajo el submarino de Alemania, con una experiencia tremenda. Nos apoyamos en esto y dejamos de lado las cuestiones judiciales y los reclamos para otros entes, como puede ser la justicia. Nosotros teníamos el deber de cumplir con la ley que creó la comisión, y es una de las pocas comisiones creadas en el marco del Congreso nacional que ha llegado a un informe de este volumen”, afirmó.

Finalmente evaluó su experiencia personal como presidente: “Cuando decidieron ponerme al frente de esta comisión, muchos me dijeron que me regalaban un quilombo y que la iba a tener difícil. Yo recibí esto como un desafío en lo personal, para demostrar que, cuando uno quiere, trabaja desligado de cualquier condicionamiento. El hecho de sentarse y hablar con los familiares hizo de esta responsabilidad un desafío y teníamos que dejarlo todo. Yo me llevo el reconocimiento del trabajo de parte de los familiares, que para mí era lo más importante, y por otro lado el hecho de que todo el arco político que conformó la mesa, los diputados y senadores, me hayan felicitado por el trabajo. En lo personal me llevo una gran satisfacción y espero que este trabajo sirva para esclarecer lo que pasó y también para hacer las recomendaciones necesarias para que esto no vuelva a ocurrir, que es lo más importante”, concluyó.

Un informe con responsabilidades claras

Cabe señalar que, de acuerdo al informe, el submarino tuvo un principio de incendio en el tanque de baterías la noche del 14 de noviembre de 2017. Once horas después se produjo el “colapso estructural” que provocó la muerte de los 44 tripulantes de la nave. La bicameral puso énfasis en “la falta de las diligencias adecuadas”, porque el submarino “se encontraba realizando, según el Poder Ejecutivo Nacional, el mayor ejercicio naval de los últimos 30 años”. Ante semejante acontecimiento, no se tuvo en cuenta que la nave tenía “más de 30 averías o fallas técnicas previas a la autorización de la misión encomendada”.

El buque “debía ingresar a dique seco, es decir llevarlo a instalaciones portuarias para realizar las revisiones y/o reparaciones correspondientes, cada 18 meses”, pero al momento de su partida “llevaba más de 44 meses” sin cumplir con ese requisito indispensable. Esa falencia “limitaba su operatividad en profundidad”, señala.

Además se puntualizó que el gobierno tuvo “la intención de atribuir culpas sólo a la Armada Argentina, cuando es el propio Ministerio de Defensa, como autoridad de aplicación correspondiente, quien debe velar en todo momento por la seguridad y es responsable de la verificación de toda la estructura bajo su mando”.

El cuestionamiento llega al punto de afirmar que, de no haberse constituido la comisión legislativa “la continuidad de la búsqueda y localización, no hubiera ocurrido”, dado que la bicameral aseguró que el Ejecutivo “intentó que la tragedia del ARA San Juan pasara rápidamente al olvido”.

En cuanto a las responsabilidades de la Armada, hubo una minimización de los hechos: la primera señal de alerta que dio la tripulación del submarino a sus jefes fue a las 23.42 horas del 14 de noviembre, cuando el teniente de navío Fernando Vicente Villarreal, jefe de Operaciones del ARA San Juan llamó al jefe de Operaciones de Submarinos, capitán de fragata Hugo Miguel Correa. Le informó “que habían tenido un principio de incendio en el tanque de baterías número 3, que estaba controlado, que apreciaban que había sido producto de la entrada de agua de mar por el sistema de ventilación”, según declaró el capitán Correa.

Desde entonces, se produjeron poco más de 10 comunicaciones entre el submarino y los jefes de la Armada, hasta el hundimiento del ARA San Juan, donde se verificó “una subestimación inicial de un incidente lo suficientemente grave. Ninguno de los estamentos de conducción tuvo en cuenta un antecedente gravísimo”, que fue un incendio de baterías similar en el año 1995.

El Comandante de la fuerza de submarinos, capitán de navío Claudio Javier Villamide, y el Comandante de Adiestramiento y Alistamiento, López Mazzeo, se limitaron a decirle al comandante del submarino que suspenda la patrulla y vuelva a Mar del Plata, sin mandar ayuda ni notificar a sus superiores sobre la gravedad del incidente que estaba ocurriendo con el ARA San Juan. En los primeros minutos del 15 de noviembre, el comandante de la nave, capitán de fragata Pedro Martín Fernández, le preguntó a Correa sobre la posición de los otros buques de la flota, que en ese momento participaban del ejercicio naval en el golfo de San Jorge. Estaban a unas 20 a 24 horas de navegación, “que podrían haber disminuido a la mitad si el submarino ponía rumbo de acercamiento a esas unidades, sumando la velocidad de desplazamiento de ambas en acercamiento”, dice.

A las 0.58 horas hablaron Villamide y Fernández. El comandante de la fuerza de Submarinos le ordenó cancelar la patrulla y poner rumbo de regreso a Mar del Plata, y la respuesta fue que eso “lo haría cuando volviera a inmersión, porque en ese momento navegaba en alejamiento de la costa, propulsando con el circuito dividido y se encontraba cargando aire”.

Sus jefes no le asignaron la gravedad que tenía ese hecho. “El capitán de navío Villamide nunca le ordenó que regrese en superficie, pese al principio de incendio puesto en conocimiento”. Los expertos consultados consideraron que, en esas condiciones, “no debería intentarse una reconexión del sistema de propulsión”.

Recién a las 6 de la mañana el submarino informa que está en inmersión y a las 7.19 se produce la última comunicación telefónica, donde Villarreal le informa a Correa que ya estaban en inmersión, con rumbo a Mar del Plata, propulsando con circuito dividido a una velocidad de 5 nudos. “Vamos a bajar a plano profundo a descansar (40 metros) y, luego, a inspeccionar el tanque de baterías”, dijo Villarreal.

Todo indica que a las 7.33 estaba a 18 metros de profundidad, a las 8.52 estaba a 40 metros y a las 10.51 se registra el “evento acústico anómalo”, que se produce con motivo del “colapso estructural del submarino ARA San Juan”, cuando estaba a entre 550 y 750 metros de profundidad.

Finalmente el submarino quedó hundido a 907 metros, en el Atlántico Sur, a 450 kilómetros de la costa de Comodoro Rivadavia.