Macri: presidente antipatagónico – Por Fabio Seleme (*)

En solo un año de gestión el gobierno del PRO, la UCR y el partido de Elisa Carrió acumuló, entre otras, estas medidas contra la Patagonia: dolarizó las tarifas del gas y decidió quitar progresivamente de acá al año 2022 los subsidios que regían para el consumo del vital fluido en nuestra región; implementó una apertura de las importaciones contra la industria de Tierra del Fuego y ya ha dado muestras de su voluntad de terminar con el régimen de promoción; terminó por decreto con los reembolsos a las exportaciones por puertos patagónicos; por decreto también modificó la ley de tierras a los fines de que no haya restricción alguna para que los extranjeros puedan comprarlas; firmó un vergonzoso protocolo claudicante por Malvinas con el Reino Unido y lleva adelante la desaparición gradual del llamado “barril criollo” que ya se ha anunciado será total para mediados del año próximo, lo que ha hecho caer en picada la actividad petrolera.

No es que sorprenda que un proyecto político cabalmente porteño por origen, concepción y protagonistas adopte políticas centralistas en desmedro de las áreas periféricas del país. Más bien lo que extraña es la masividad de la acción en contra de nuestra región, en un contexto de ausencia de propuestas e iniciativas que impiden avizorar algo distinto para la Patagonia que no sea su reducción a la nada. Por eso resulta un delirio de una autoestima desmesurada que el grupo gobernante pretenda verse en el espejo de la generación del 80 cuando sus acciones sólo alcanzan a reflejar la inutilidad destructiva de la pereza: hablan estúpidamente de una nueva “conquista del desierto” pero la obra de gobierno sólo permite ver en la Patagonia una desertificación de las conquistas.

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Lo cierto es que nunca en tan poco tiempo un gobierno nacional tomó tantas medidas en contra de la región al sur del Río Colorado. Esto hace a Macri y su gobierno merecedor del novedoso calificativo de antipatagónico. Este merecimiento se incrementa si uno repara en el dato incuestionable respecto que, las reformas y quitas producidas que hieren de muerte el desarrollo económico de la región, en las finanzas globales del país son absolutamente insignificantes y carecen de algún efecto positivo en términos de reducción del déficit. En este mismo año de gobierno, Macri quitó millonarias retenciones a la producción cerealera de la región pampeana y a las mineras y también condonó deudas monumentales a las empresas que distribuyen electricidad en Capital Federal y Buenos Aires. No puede alegarse entonces una búsqueda de ahorro, ya que al lado de ese dispendio el monto involucrado en las medidas antipatagónicas es casi ridículo.

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Lo que uno se pregunta entonces con este panorama es desde dónde explicar este ensañamiento contra la Patagonia sino es posible hacerlo desde sus consecuencias económicas y resultados materiales. Sin duda el carácter antipatagónico del gobierno de Macri se explica mucho más por ideológico que por lo económico. Para entender esto hay que detenerse en el hecho que la Patagonia opera desde siempre en el discurso político y literario de la Argentina como concreción geográfica de la función utópica. Decía ya Alberdi que la Patagonia es el lugar donde todas las utopías se ponían a prueba. Y efectivamente, múltiples ideales de expansión, soberanía, movilidad social ascendente, trabajo, conquista, progreso e industria se han desplegado y despliegan sobre el horizonte infinito de esta tierra. Cuando se comprende esto entonces se entiende que el problema de Macri no es tanto lo que Patagonia representa en clave presupuestaria como lo que significa en términos simbólicos.

Por ser antes que nada un conservador, el problema de Macri es con cualquier representación de esperanza de superación y desarrollo individual o colectivo. Por esta misma razón el gobierno nacional se ha concentrado desde un principio en mostrar horizontes clausurados y un estado terminal que permita imponer un clima de realismo de guerra. Se ha tratado de mostrar que cualquier esperanza es inviable, delirante y amenazante. El objetivo es desilusionar para que la racionalidad no tenga finalidad porque en un mundo sin horizontes lo dado se vuelve necesario. Hay que conformarse con lo que hay. En otras palabras, con su carácter antipatagónico el gobierno de Macri se revela esencialmente contrautópico por consecuencia de su conservadurismo. Un conservador lo primero que busca políticamente es tratar de extirpar la función utópica del discurso, porque es desde la utopía que se puede ejercer una crítica respecto de lo instituido y sobre cualquier matriz determinista que pretenda fundar un orden único y su reproducción.

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Así, si efectivamente como creemos, el carácter antipatagónico del presidente Macri es fundamentalmente contrautópico, estamos frente a un problema que no es sólo una amenaza para nuestra región sino para Nación toda, ya que muestra que la Argentina marcha hacia su estancamiento profundo en términos de desarrollo e ideas.

(*) Secretario de Cultura y Extensión de la Facultad Regional Río Grande de la UTN