Los antiguos chacareros de Río Grande volvieron a poner en agenda un reclamo que lleva más de tres décadas sin una solución definitiva. El pedido apunta a la incorporación de servicios básicos en los sectores donde residen y trabajan, entre ellos agua potable, cloacas, gas y alumbrado público.
Abel Arriagada, uno de los históricos pobladores, volvió a expresar el malestar de quienes sostienen que llevan 36 años realizando gestiones para conseguir infraestructura. Según explicó, durante todo este tiempo se presentaron notas y se mantuvieron reuniones con distintas autoridades, aunque sin obtener respuestas concretas.
El reclamo tiene como principal argumento el paso del tiempo. Los chacareros sostienen que no se trata de una demanda reciente, sino de una situación que atraviesa a familias que permanecen desde hace décadas en el lugar y que continúan esperando condiciones básicas similares a las de otros sectores de la ciudad.
Otro de los puntos planteados está relacionado con el cumplimiento de las obligaciones tributarias. Arriagada remarcó que los vecinos pagan sus impuestos y otros conceptos regularmente, pero aseguran que esa situación no se ve acompañada por la prestación de servicios esenciales.
El acceso al gas aparece entre las principales necesidades. De acuerdo con lo señalado por los productores, las redes se encuentran relativamente próximas, pero todavía no se concretó la infraestructura necesaria para que el servicio pueda llegar hasta las chacras.
También existe preocupación por la falta de alumbrado público. Arriagada cuestionó que se abone el concepto correspondiente cuando, según afirmó, en determinados sectores no existen postes ni luminarias que permitan contar con iluminación durante la noche.
Los antiguos chacareros aseguran además que han intentado obtener información sobre posibles proyectos para solucionar la situación. Sin embargo, plantean que no cuentan con un cronograma ni con precisiones acerca de cuándo podrían comenzar las obras que permitan terminar con una espera que ya lleva 36 años.
El malestar aumenta al observar que en zonas cercanas se desarrollan trabajos de infraestructura. Para quienes viven en las antiguas chacras, esa realidad genera una sensación de desigualdad, ya que consideran que los servicios también deberían alcanzar a quienes llevan décadas establecidos y contribuyendo.
Arriagada insistió en que el planteo no busca beneficiar exclusivamente a una persona o a una familia. La intención, según explicó, es visibilizar la situación de todos los antiguos chacareros que comparten una problemática similar y que esperan una respuesta que contemple las necesidades del sector.
Con el paso de los años, el reclamo se transformó en una demanda histórica. Los chacareros piden que, además de recibir una respuesta formal, se establezca un camino concreto para avanzar con las obras de infraestructura. Después de 36 años de espera, sostienen que el acceso a los servicios básicos dejó de ser una expectativa y se convirtió en una deuda pendiente.






























