La nevada de 1995 quedó grabada en la memoria de muchos fueguinos como uno de los inviernos más intensos de la historia climática reciente de la provincia. Las grandes acumulaciones de nieve transformaron durante días el paisaje y pusieron a prueba a toda la comunidad.
Sin embargo, aquel fenómeno no fue un hecho aislado. Décadas antes, en 1954, Tierra del Fuego había atravesado otro invierno de características excepcionales, cuando las condiciones climáticas también fueron mucho más rigurosas que las que hoy suelen registrarse.
Los recuerdos de esos inviernos permiten dimensionar cuánto ha cambiado el comportamiento del clima a lo largo del tiempo. Las temperaturas, las precipitaciones y la duración de determinados fenómenos presentan variaciones que forman parte de un proceso climático global.
Hablar del cambio climático no significa negar que hayan existido grandes nevadas en el pasado. Por el contrario, conocer esos antecedentes permite comparar distintas épocas y comprender mejor cómo está evolucionando el clima.
La nevada del 95 es, así, mucho más que un recuerdo de un invierno particularmente duro: es parte de la memoria climática de Tierra del Fuego y una referencia para observar los cambios que atraviesa el planeta.






























