Un episodio que generó fuerte preocupación volvió a poner en debate la atención médica en situaciones de urgencia. Una madre denunció que su hija de 10 meses recibió un diagnóstico equivocado luego de sufrir una caída que, con el paso de las horas, evidenció una lesión de mayor gravedad.
El hecho se produjo cuando la pequeña cayó desde una altura y golpeó su cabeza. Tras el impacto, presentó signos alarmantes que motivaron su traslado inmediato a un centro de salud, donde fue evaluada y posteriormente dada de alta al no detectarse lesiones de consideración en ese momento.
Sin embargo, la evolución de la niña encendió nuevas alarmas en su familia. La persistencia de síntomas como somnolencia y falta de respuesta llevó a la madre a buscar por sus propios medios una segunda opinión médica en Río Grande. Allí, nuevos estudios confirmaron la presencia de una fisura en el cráneo, lo que obligó a mantener a la bebé bajo observación y control clínico.
La mujer expresó su indignación y angustia por lo ocurrido, al considerar que la evaluación inicial no fue suficiente para detectar la lesión, lo que pudo haber derivado en consecuencias más graves. En ese sentido, remarcó la importancia de actuar con mayor rigurosidad ante este tipo de cuadros, especialmente cuando se trata de pacientes pediátricos.
El caso abre interrogantes sobre los protocolos de atención en emergencias y refuerza el reclamo por diagnósticos más precisos y seguimientos adecuados para evitar riesgos innecesarios.




























