Chicos sin riesgos – Por Ricardo Katz

El dilema de estas épocas en relación a la seguridad de los chicos es complicado: les damos más libertad a medida que van creciendo? Los alentamos a crecer? Les damos alas para que lo hagan? O los vigilamos 24 hs por día para evitar nuestra mayor preocupación: su seguridad.

La última opción no es válida. Debemos alentarlos a crecer y, desde ese lugar, velar por su seguridad. Es de suma importancia, entonces, mantener un espacio de diálogo permanente con ellos para poder brindarles información y aconsejarlos sobre las diferentes medidas de
seguridad que tienen que tener en cuenta e implementar en distintas situaciones que se les puedan presentar.

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Algunos ejemplos:

Evitar estar solo: tenemos que alentarlos a utilizar el sistema de amigos para que no vaya solo a ninguna parte. Sin padres controlando sí, pero con amigos.

Pedir ayuda: No dudar, si alguien quiere llevarlos a cualquier lugar, debemos enseñarles a pedir ayuda, a gritar “este señor no es mi papá”, “este señor trata de llevarme”.

Qué hacer si se pierde: Enseñarles a dónde dirigirse. Por ejemplo si están en un supermercado o en un parque de diversiones acercarse a informes, a la oficina de seguridad o a algún encargado del lugar.

Comportamiento extraño: Los adultos no le piden ayuda a un niño ni para encontrar un perro perdido, ni para preguntar una calle. Los chicos deben saber esto.

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El engaño: No deben hacerle caso a nadie que les diga que su mamá o papá están en problemas y que él los llevará a dónde están ellos.

Ninguna excusa debe convencerlos. Si nos sucediera algo y no pudiéramos retirarlos de un cumpleaños, o tenemos un accidente, el niño debe saber que siempre vamos a comunicarnos con él antes y mandar a una persona de suma confianza. Ni un vecino, ni al verdulero, alguien muy familiarizado con el niño.

Nada de secretos: Ningún adulto desconocido les debe pedir que guarden un secreto. Si alguien lo hace, deben decírselo a los padres o a la maestra.

Los chicos solos no: Los chicos no deben quedarse solos en casa, pero si tuvieran que hacerlo hay que indicarles que no deben abrir la puerta a nadie y es importante enseñarles a llamar al “101” si algo extraño ocurriera. Además, es importante tener el número telefónico de un vecino o familiar a mano, siempre.