Quinientos noventa y dos coma ochenta y nueve – por Darío Gabaldo

Los argentinos que vivimos en Río Grande somos los que más cerca estamos de las Islas Malvinas, geográficamente hablando. Eso no nos hace ni más ni menos argentinos, ni más ni menos “malvineros”, pero nos ubica en un punto de privilegio respecto de cualquier otra ciudad o población de nuestro país: cada vez que observamos el horizonte del mar hacia el este, si bien no las vemos, sabemos que están ahí, a poco menos de 600 Km en línea recta. Nadie en tierra firme, en la isla o el continente, puede estar más cerca.

Esa misma cercanía fue la que expuso a Río Grande bajo amenaza de bombardeo constante por aquellos días de 1982, mientras se prolongó la ocupación argentina durante el conflicto armado, iniciado el 2 de abril de ese año. También por esa razón nuestra ciudad fue la base operativa y logística elegida para el aterrizaje y despegue de aviones militares para el aprovisionamiento y otras operaciones. Y quizás también por eso haya tantos veteranos de guerra que han vivido o viven aquí, donde, además –ellos- fundaron aquí la Capital Nacional de la Vigilia, al abrigo de un fuego que nunca dejó de chispear. Y, seguramente también por eso, se respira en el aire ese sentimiento especial que aquí se experimenta para con nuestras Islas.

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Salvo por los 74 días que duró la presencia de las tropas argentinas en 1982, la ocupación británica en el archipiélago data del 2 de enero de 1833. Es entonces, desde hace 188 años que nuestra joven provincia tiene parte de su territorio usurpado. Son exactamente 11.718 Km2 de superficie donde la corona británica, junto a su aliado histórico, EEUU, tiene enclavada la mayor base militar del hemisferio sur y donde también, una cantidad desconocida de veces al año, se realizan maniobras militares con presencia de unidades y armamento nucleares. Es también la zona del centro operativo de uno de los mayores saqueos mundiales de riqueza ictícola e hidrocarburífera que se conozcan en el planeta.

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Seguirá flameando en Malvinas una bandera extraña y seguirán hablando otra lengua sus habitantes. Y seguiremos nosotros denunciando permanentemente la usurpación de nuestras tierras y las aguas que bañan sus costas; afirmando que Río Grande es la Capital Nacional de la Vigilia; que es Ushuaia la Capital de las Malvinas y tiñendo de celeste y blanco ese punto invisible que sentimos mucho más cerca que los 592,89 Km que nos separan del descanso eterno de nuestros 649 héroes.