












El avance de una especie invasora sobre los pastizales del norte de Tierra del Fuego impulsa la búsqueda de nuevas alternativas para proteger la producción ganadera. Se trata de la Hieracium pilosella, conocida como pilosela o velocilla, una maleza que gana presencia en la región y cuya propagación representa un riesgo para la disponibilidad de forraje y el equilibrio de los ecosistemas locales.
Frente a este escenario, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) desarrollará una investigación orientada a obtener un bioherbicida capaz de controlar la especie. El proyecto tendrá una duración de 12 meses y prevé una inversión cercana a los 43 millones de pesos, con financiamiento gestionado ante el Consejo Federal de Inversiones (CFI).
El acuerdo que da marco al trabajo fue suscripto por el presidente del INTA, Nicolás Bronzovich, y el ministro de Producción y Ambiente, Francisco Devita. La propuesta busca avanzar en una estrategia de control biológico que permita reducir la presencia de la maleza mediante el uso de organismos y compuestos naturales.
Una amenaza para la producción ganadera
La expansión de la pilosela constituye un problema para los establecimientos dedicados a la ganadería ovina, una actividad que depende de la calidad y disponibilidad de los pastizales naturales. Su capacidad de reproducirse tanto por semillas como por estolones, sumada a su tolerancia al estrés ambiental y su elevada competitividad, favorece su dispersión y dificulta su manejo.
El impacto puede ser significativo: las estimaciones contempladas en el proyecto indican que la especie puede reducir hasta un 90% la biomasa forrajera. Esta pérdida implica una menor disponibilidad de alimento para los animales y puede afectar el aprovechamiento productivo de los campos.
Además de la dimensión económica, la proliferación de esta planta genera consecuencias ambientales al desplazar especies nativas y alterar la composición de la vegetación. Por eso, el desarrollo de métodos de control representa un desafío tanto para los productores como para los especialistas que trabajan en el manejo de los ecosistemas fueguinos.
La investigación apunta a una alternativa biológica
El eje del proyecto será el estudio de un subgrupo de cianobacterias que produce sustancias con capacidad para inhibir el crecimiento de malezas.
Los investigadores analizarán su potencial herbicida con el objetivo de determinar si estos componentes pueden convertirse en una herramienta eficaz para controlar la pilosela.
Durante los próximos 12 meses, el INTA llevará adelante las tareas científicas, aportará personal especializado y gestionará las autorizaciones necesarias para acceder a los recursos genéticos requeridos.
El financiamiento permitirá sostener las actividades de investigación y los trabajos de campo necesarios para avanzar en el desarrollo de la tecnología. Sin embargo, el resultado dependerá de los avances científicos y de la capacidad de validar la efectividad de la solución propuesta.
La búsqueda de alternativas biológicas adquiere relevancia en un contexto en el que el manejo de especies invasoras requiere respuestas adaptadas a las características ambientales de cada región. En ese sentido, el desarrollo de un bioherbicida local podría aportar una nueva herramienta para el cuidado de los pastizales, aunque su aplicación dependerá de los resultados que arroje la investigación.
Biotecnología aplicada a la producción fueguina
El proyecto se inscribe en una línea de trabajo que busca incorporar conocimiento científico y herramientas biotecnológicas para atender problemas productivos concretos y generar nuevas oportunidades económicas en Tierra del Fuego.
Otra experiencia en esa dirección es TrichoDF, una iniciativa de especialistas de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego (UNTDF) y el CONICET que trabaja en el desarrollo de un bioinsumo destinado a mejorar el rendimiento de producciones orgánicas y controlar hongos en condiciones de clima frío.
Aunque ambas investigaciones responden a necesidades diferentes, comparten una misma orientación: desarrollar soluciones biológicas a partir de capacidades científicas locales y adaptarlas a las condiciones particulares del territorio.
En el caso de la pilosela, el desafío inmediato será determinar si la investigación puede traducirse en una herramienta concreta para limitar el avance de la maleza. De sus resultados dependerá la posibilidad de sumar una alternativa de manejo para preservar los pastizales y reducir el impacto de una especie que amenaza la productividad ganadera del norte fueguino.